lunes 31 de agosto de 2009

Usain Bolt y un agosto socialista

Ayer se cumplió un mes desde que este blog echó el cierre por vacaciones. Por entonces asomaba agosto y hoy agoniza éste mes para dar paso al primero de otoño, como al menos suele ser habitual en esta ciudad. La verdad es que las cibervacaciones han sido más bien una excusa para finalizar trabajos pendientes de modo que ni siquiera las dos o tres horas semanales que puede costar escribir y actualizar un blog fueran perdidas en semejantes menesteres. Como todo no podía ser trabajo, dentro de los ratos para el tiempo libre he seguido superficialmente los mundiales de atletismo y en particular al velocista jamaicano Usain Bolt, ese atleta que hace un año batió en Pekín su propio récord dejándose llevar los últimos diez metros (sobre un total de sólo cien) mientras celebraba la victoria olímplica.

En una época en la que el socialismo achucha valiéndose de la crisis como coartada perfecta para imponer doctrina, subir impuestos, acrecentar el populismo y, en curiosa coincidencia con la prédica católica más ortodoxa, demandar a los súbditos que se resignen a lo que hay (laicamente, eso sí), los 9,58 de Usain Bolt no dejan de ser un particular brote verde al que nos agarramos aquellos que creemos en el individuo y en su ilimitada capacidad para superarse día a día. Porque agosto ha sido un mes de socialismo en estado puro con un Gobierno que sabe que unas elecciones se ganan, entre otras cosas, haciendo creer a los ciudadanos que sus derechos no existen si no es gracias a una concesión política, negándoles una existencia independiente de la voluntad de un Estado que únicamente debe limitarse a reconocer derechos y libertades y a su vez utilizar los mecanismos de coerción que impidan que en el disfrute de los mismos un individuo viole los de otro. En ningún caso un derecho se otorga, simplemente se posee naturalmente y el Estado lo reconoce. Nada más, así de sencillo.

Sin embargo, nuestro socialismo de la mediocridad y de la resignación laica nos deja un agosto envuelto en nuevas medidas tendentes al regalo de derechos y a la improvisación en materia económica y de creación de empleo. Ahí tenemos el caso de los 420 euros para parados de corta duración. La medida, anunciada a bombo y platillo y sin descender del titular, puede parecer una buena idea si además, de una vez por todas, los subsidios de desempleo en España quedan condicionados a la búsqueda efectiva de empleo y no al sellado periódico de una cartilla. Pero la trampa, como siempre, estaba tendida y el derecho otorgado no era más que otra de esas ocurrencias de un presidente igualitario que paradójicamente suele arbitrar políticas mayormente discriminatorias, desde el cheque bebé hasta la devolución en la Declaración de la Renta de cantidades previamente detraídas pasando por los 75 a 200 euros para vivienda joven.

Lo peor de todo es que la oposición parece cada vez más domesticada, como queriéndose llevar por el espíritu del pastor de ovejas. Las insinuaciones, rumores y globos sonda varios que dejan caer que lo mejor "es subir impuestos a los ricos" (para lector despistado, en España el simplón término de rico equivale a clase media, es decir, a la gran mayoría de los ciudadanos), no parece que sean contestadas rotundamente por quienes cobran astronómicas cantidades por pulsar un botón desde cómodos escaños informatizados.

Para el nuevo curso, comiencen por tanto a hacer los deberes de oposición igual que Usain Bolt ha hecho los suyos demostrando que la falacia conformista es un mito. Más modestamente, el que escribe ya ha cumplido con la primera tarea autoimpuesta: desperezarse tras las vacaciones bloggeras.