domingo 6 de septiembre de 2009

Sí, Presidente

La edición de hoy de el diario "El Correo" dedica una interesante página al abandono de la nave política socialista (no de carnet, pero sí de cualquier cargo orgánico o público) de Jordi Sevilla, una de las promesas del puño y la rosa que hace nueve veranos aupó a Zapatero a la secretaría general del PSOE y que meses antes de que el leonés llegara a La Moncloa se comprometió a impartir en un par de tardes lecciones económicas suficientes como para ponerle al día (a la vista están las carencias de aquellas enseñanzas. Puede que hiciera novillos Zapatero). La marcha de Sevilla, la relegación a secundarios de Caldera, Antonio Cuevas o Álvaro Cuesta o la reciente patada hacia arriba recibida por López Aguilar evidencian una de las grandes causas del tremendo lunar demócratico del sistema político español; la falta de mecanismos que limiten el poder interno de un dirigente supremo (presidente, secretario general, coordinador general, portavoz o como quiera llamarse) y/o el del aparato que le rodea. No es un problema de cada uno de los partidos políticos sino que afecta en su conjunto a la Democracia española al restringir el derecho (y obligación) de la ciudadanía a la participación política a través del mecanismo partidario (por otra parte endogámico y restrictivo), limitando a aquélla al campo de la sociedad civil, contrapoder necesario pero inexistente y desarticulado hoy en nuestro país.

Cuando un José Luis Rodríguez Zapatero cualquiera (el nombre aquí es la anécdota y puede sustituirse por cualquier otro) decide relegar a los más valiosos y capacitados simplemente por tener ideas ya no heterodoxas sino en más o menos ocasiones diferentes a las del capitán para sustituirlos por pelotas, ociosos y oportunistas especializados en el manejo de los tiempos, el problema no está tanto en el liderazgo como en el contraliderazgo que debe garantizar que el primero se realiza en beneficio tanto de los afiliados a un partido como de la sociedad en general. Ciertamente, un buen líder es aquel que sabe gestionar equipos y no aquel que los crea fumigando, sin más, a quién simplemente disiente. Por eso también un Rodríguez Zapatero común es culpable pero nunca podría haber hecho y deshecho al gusto si previamente alguien pudiera haberle parado los pies. Es necesario limitar poderes omnímodos porque todos, absolutamente todos los individuos necesitamos algún lisonjero habitual y algún otro que se sume voluntario a la alabanza cuando el aire, piensa, puede soplar a favor. Alguien que nos abanique, nos diga lo guapos que somos, lo estupendo y magnífico de nuestro trabajo. No sé, alguien que mienta sobre nosotros hasta conseguir reconfortarnos creyéndonos el engaño y la falsedad. Una cuota de narcisismo prescindible pero inconscientemente necesaria.

Esta vanidad de la que jamás haremos gala pero que es consustancial a nosotros mismos debe, a mi juicio, saber administrarse. Al líder, al poderoso circunstancial, son varias las posibilidades que se le plantean cuando los objetores opinan. La primera es hablar con ellos, reflexionar, escuchar e integrar con generosidad y, por qué no decirlo, con sapiencia. Es la opción a la que muy pocos, por no decir prácticamente ninguno, recurren. La segunda es la elegida por el propio Zapatero con su disidencia interna: destinos dorados, fundaciones y laboratorios huecos o plaza fija en un asiento rojo con portátil y botones de colores. Es la opción que suelen escoger los jefes de empresa, líderes políticos o presidentes de colectivos diversos que pueden permitírselo, es decir, que disponen del suficiente pan como para que ninguno de los sentados a la mesa se quede sin comer algo, aunque sea el cuscurro.

Sin embargo, a pesar de las alternativas, los líderes modernos suelen mirarse, irónicamente, en espejos plenomedievales. Concretamente en el abad de San Ponce de Tomeras. Según la leyenda, Ramiro II el Monje, representado por un emisario, se acercó un día a pedir consejo a su antiguo maestro para ver cómo podrían solucionarse los problemas que algunos nobles le estaban ocasionando al monarca al negarse a obedecer ciertas órdenes o a hacerlo a regañadientes. El abad invitó al emisario a que contase al rey lo que estaba viendo hacer en aquel momento, que no era otra cosa que cortar las rosas que más sobresalían en el jardín del monasterio. El rey entendió el mensaje e hizo lo propio con los rebeldes, los disidentes de ayer, los bulliciosos oponentes de hace casi novecientos años.

Hay una palabra del texto dedicado a la marcha del ex ministro de Administraciones Públicas que me ha llamado poderosamente la atención: cariño. Sevilla consideraba que Zapatero no le había dado el suficiente cariño. No era poder (lo tenía), ni dinero (ganará más ahora en la empresa privada) ni un aurresku en su honor. No, no era nada de eso, sólo cariño, algo que sólo los engreídos, los que han olvidado que sólo los dioses son inmortales y los que no alcanzan a ver nada más lejos de su crecido ombligo, son incapaces de entender. Por desgracia, son las características de casi todos los que deberían administrar su poder sabiendo reconocer el trabajo, agradecer el esfuerzo, incorporar a quienes lo merecen más allá del servilismo y, por supuesto, siendo capaces de demostrar cariño en vez de sacar el vergajo cada vez que alguien levanta la mano.

Pobres, muy pobres seremos si nuestros líderes no están a la altura.

lunes 31 de agosto de 2009

Usain Bolt y un agosto socialista

Ayer se cumplió un mes desde que este blog echó el cierre por vacaciones. Por entonces asomaba agosto y hoy agoniza éste mes para dar paso al primero de otoño, como al menos suele ser habitual en esta ciudad. La verdad es que las cibervacaciones han sido más bien una excusa para finalizar trabajos pendientes de modo que ni siquiera las dos o tres horas semanales que puede costar escribir y actualizar un blog fueran perdidas en semejantes menesteres. Como todo no podía ser trabajo, dentro de los ratos para el tiempo libre he seguido superficialmente los mundiales de atletismo y en particular al velocista jamaicano Usain Bolt, ese atleta que hace un año batió en Pekín su propio récord dejándose llevar los últimos diez metros (sobre un total de sólo cien) mientras celebraba la victoria olímplica.

En una época en la que el socialismo achucha valiéndose de la crisis como coartada perfecta para imponer doctrina, subir impuestos, acrecentar el populismo y, en curiosa coincidencia con la prédica católica más ortodoxa, demandar a los súbditos que se resignen a lo que hay (laicamente, eso sí), los 9,58 de Usain Bolt no dejan de ser un particular brote verde al que nos agarramos aquellos que creemos en el individuo y en su ilimitada capacidad para superarse día a día. Porque agosto ha sido un mes de socialismo en estado puro con un Gobierno que sabe que unas elecciones se ganan, entre otras cosas, haciendo creer a los ciudadanos que sus derechos no existen si no es gracias a una concesión política, negándoles una existencia independiente de la voluntad de un Estado que únicamente debe limitarse a reconocer derechos y libertades y a su vez utilizar los mecanismos de coerción que impidan que en el disfrute de los mismos un individuo viole los de otro. En ningún caso un derecho se otorga, simplemente se posee naturalmente y el Estado lo reconoce. Nada más, así de sencillo.

Sin embargo, nuestro socialismo de la mediocridad y de la resignación laica nos deja un agosto envuelto en nuevas medidas tendentes al regalo de derechos y a la improvisación en materia económica y de creación de empleo. Ahí tenemos el caso de los 420 euros para parados de corta duración. La medida, anunciada a bombo y platillo y sin descender del titular, puede parecer una buena idea si además, de una vez por todas, los subsidios de desempleo en España quedan condicionados a la búsqueda efectiva de empleo y no al sellado periódico de una cartilla. Pero la trampa, como siempre, estaba tendida y el derecho otorgado no era más que otra de esas ocurrencias de un presidente igualitario que paradójicamente suele arbitrar políticas mayormente discriminatorias, desde el cheque bebé hasta la devolución en la Declaración de la Renta de cantidades previamente detraídas pasando por los 75 a 200 euros para vivienda joven.

Lo peor de todo es que la oposición parece cada vez más domesticada, como queriéndose llevar por el espíritu del pastor de ovejas. Las insinuaciones, rumores y globos sonda varios que dejan caer que lo mejor "es subir impuestos a los ricos" (para lector despistado, en España el simplón término de rico equivale a clase media, es decir, a la gran mayoría de los ciudadanos), no parece que sean contestadas rotundamente por quienes cobran astronómicas cantidades por pulsar un botón desde cómodos escaños informatizados.

Para el nuevo curso, comiencen por tanto a hacer los deberes de oposición igual que Usain Bolt ha hecho los suyos demostrando que la falacia conformista es un mito. Más modestamente, el que escribe ya ha cumplido con la primera tarea autoimpuesta: desperezarse tras las vacaciones bloggeras.

jueves 30 de julio de 2009

¿Vacaciones?

Nos vamos...unos días, antes de que nadie se emocione, que los hay con ganas de que la primera persona del plural del verbo Ir no fuera aquí acompañada de aclaración posterior alguna. Algunos hace ya un par de semanas que cerraron el chiringuito por vacaciones; es lo que tiene ser político o vivir de la política, que puedes disfrutar de un descanso estival más largo que el de un maestro pero con la ventaja de no tener a la vuelta que aguantar a niños y enfrentarse únicamente a la alargada presencia del yo y del superyo que rodea a los nuevos genios y genias de la lámpara maravillosa que es nuestro sistema político actual.


No me voy de vacaciones porque no todos podíamos ser rentistas o políticos, que para el caso es lo mismo, y me quedaré al pie del cañón porque el trabajo dignifica, supongo. Nos veremos en unas semanas, cuando bajen las temperaturas. Todas las temperaturas.


Feliz verano.

martes 14 de julio de 2009

Querida Eme

Qué poco tiempo ha pasado y sin embargo el remolino de acontecimientos nos hace pensar que han sido años, ¿verdad?. No sé tú, yo al menos tengo esa sensación...¡y eso que soy de aquellos a los que normalmente les suele ocurrir justo lo contrario!. Reflexiva, pensativa tal vez, me (te)preguntaste un día, hace apenas medio año, qué impulsaría a algunas de las personas que estábamos conociendo a entrar en esto de la política. Tú ya distinguías entonces a las dos otras subespecies de afiliados, es decir, de políticamente concienciados que deciden dar el paso de militar en una formación pagando una cuota mensual. Distinguías y caracterizabas claramente dos grupos siendo uno de ellos el de los eternamente felices y medianamente satisfechos, es decir, aquellos que voluntariamente eligen marcar la X en la casilla del partido y abonar el susodicho importe cada treinta días. Alguna vez aplaudirán en algún acto, como buenos gregarios satisfechos con su jefe de filas se entusiasmarán al leer noticias favorables en prensa y, más frecuentemente, acudirán a los ágapes que se convoquen para festejar esto o aquello ya que, todos lo sabemos, comer es quizá la actividad que menos movimiento cerebral requiere porque incluso para quedarse dormido hay que seguir ciertas pautas o ritos previos, desde la lectura de un libro hasta la atenta escucha de un programa de radio.

Definías estupendamente al grupo de afiliados al que no hace falta conocer dentro de una organización sino que es perfectamente identificable desde fuera. Son los vagos, perezosos e inútiles que, merced a esa inaudita incompetencia, se adaptan al hábitat político a fuerza del codazo, la zancadilla y la astucia del marrullero sin escrúpulos, conscientes de que aquí el árbitro es parte interesada y siempre estará con aquel que a fuerza de faltas no sancionadas elimine a los del tercer grupo. ¿Quiénes son esos, querida Eme? aquellos precisamente por cuyas motivaciones tanto te preguntabas. Porque, al fin y al cabo, un catedrático de Economía con una trayectoria académica y cívica reconocida pocos estímulos y nulas ganas debe tener de sumarse a cualquier organización que, en el mejor de los casos, sólo cuente con gorrones de la alimentación por catering. Tampoco una abogada reconocida o una joven politóloga deben moverse sólo por una vocación suicida que les impulsa a aceptar encabezar candidaturas condenadas tanto al fracaso como a la persecución fascista. Una psicóloga tampoco se levanta a las cinco y pico de la mañana para cumplir con profesionalidad un cometido que difícilmente resolvería mejor alguien preparado para dicha finalidad. ¿Qué hará que media docena de estudiantes dejen aparcados durante semana y media sus estudios para recorrer territorio comanche a cambio de la módica suma de cero euros? ¿qué será lo que motive a un biólogo jubilado de larga y reconocida trayectoria profesional pasar horas y horas de la Ceca a la Meca tras haber logrado permanecer sesenta años alejado de la militancia política?.

Déjame que te responda: he querido comprenderlo y sigo sin saberlo. ¡Vaya ayuda!. Es que, querida, la respuesta es demasiado compleja para mentes tan simples como la que esconde mi cabellera. Sería lógico pensar que la pandilla de iletrados y analfabetos funcionales que nutren el selecto segundo grupo, encabezado siempre por algún aspirante a eminencia, debería estar encantada de contar con brillantes aspirantes a nada que supliesen sus notables carencias tanto en capacidad de trabajo como en preparación para nada más que medrar pero no, chica, que no pueden, que les cuesta eso de tener a su lado personas capaces y que osan pensar solas y, sobre todo, que no acaban de concebir que alguien pueda estar en esto para algo más que para degustar un rico pincho o para sacar la navaja en cuanto uno se descuida. De esta forma tan incomprensible, estimada Eme, los partidos se quedan descabezados y se acaban convirtiendo en lo que todos son: máquinas electorales hechas por y para el poder, como aquellas camarillas de notables en la Restauración cuya vida empezaba el día en el que el Rey firmaba el decreto de convocatoria de elecciones y terminaba en el mismo momento en el que los interpuestos de los caciques habían hecho su trabajo. Sin embargo, y al igual que entonces sólo cabían conservadores y liberales, España hoy sólo admite dos partidos-maquinarias, la del puño y la rosa por un lado y la de la gaviota por otro.

Una maquinaria bien engrasada se puede permitir lujos que otras formaciones que aspiren a un trozo del pastel político jamás podrán hacerlo porque los vampiros y chupasangres, desde el becario juntaletras hasta el pepiño de turno, estarán siempre prestos y dispuestos a impedir que nadie más pique de la suculenta tarta. La ilusión, simplemente la ilusión, es lo que ha hecho, querida Eme, que tuviésemos la suerte de compartir militancia con tantas personas del tercer grupo hasta lograr que pudiésemos presumir de tener a aquellos que no cabían en el bipartito gobernante. Cuidar a los ilusionados, amiga Eme, es el reto imprescindible para cualquier organización que aspire a convertirse en alternativa seria y no en una parte más de un sistema político gangrenado que, más pronto que tarde, se quitará de en medio a los que no hayan sabido cuidar de su entorno necesario, es decir, de sí mismos a largo plazo, por centrar sus miras más en el presente, en su orgullo y en su ego. Porque los vanidosos, estimada Eme, no tienen cabida si no es dentro del envenenado invento del maligno que es nuestra tocada democracia.

Tú decías que aquí no están en juego unas siglas ni la trayectoria de ciertas personas, por más que algunos lo entiendan así. Es verdad; nos jugamos algo más importante y es construir un centro político (entiéndeme querida, centro no como ideología sino como actitud política) de marcado carácter liberal que sobreviva incluso a las personas. Si no logramos esto no estaremos perdidos nosotros sino toda una generación porque el daño que podamos infringir no será fácilmente curable.

Es una reflexión abierta, querida amiga. Yo al menos lo veo así.

Recibe un fuerte abrazo.

lunes 6 de julio de 2009

El arte de la imprescindibilidad adquirida

Hay hombres que luchan un día y son buenos, otros que luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos pero los hay que luchan toda la vida: esos, son imprescindibles.
Bertol Brecht

Lo confieso; habré repetido infinitas veces en mi vida que nadie es -somos- imprescindible(s). Latiguillo de necesaria humildad, supongo. Sin embargo, no es así y la vida suele demostrarnos continuamente que los hay que acaban erigiéndose en imprescindibles o que, simplemente, lo son per se. Ejemplifiquemos: una madre siempre será imprescindible para un hijo, independientemente del papel que cumpla la primera, incluso si se desentiende de cumplir con dicho rol voluntariamente o inducida por la pasividad del retoño. Una situación de orfandad por vía paterna es complicada pero por el lado materno lo es aún más, y nueve meses son nueve meses. Un niño necesita a una madre porque le aporta la experiencia vital necesaria para ser, para estar y para llegar a ser y le pone en contacto con la cultura en el sentido que al vasto término le daba Clifford Geertz.

Los hay, sin embargo, que se convierten en imprescindibles porque se lo ganan no desistiendo, acabando por merecerlo, como bien vio y escribió Brecht. También encontramos ejemplos cotidianos en el ámbito de la sociabilidad: la pareja como confidente, el amigo que siempre está, el compañero de trabajo que responde y apoya...Igualmente, ocurre esto en los partidos políticos, en los que nadie es imprescindible per se pero el tiempo o el espíritu mismo del proyecto político que encarna el partido pueden convertir a alguien en persona absolutamente necesaria. Dentro de la política hay muchos dirigentes mudos y otros cuantos sordos, amén de la numerosa población que habita el país de los ciegos, con el tuerto como ya conocido rey. Es irónico pero parece como si para dirigir un partido político uno necesitara hacer acopio de incapacidades físicas, metafóricamente hablando, para demostrar que se encuentra en plenitud de condiciones. Por eso la política está en las antípodas del deporte: en la primera triunfa el más inepto valiéndose de su aparente debilidad, de sus incontables y tan necesarios defectos y en el segundo llegan primero a la meta los más capaces, los más esforzados y los más competentes acogiéndose la mayor parte al espíritu olímpico que rodea al deporte y del que la política tan escaso anda.El caso es que los mudos, los sordos y los ciegos ni hablan, o lo hacen mal, torpemente y con dificultad, ni oyen ni ven que a su alrededor los cimientos de lo tan duramente armado comienzan a resquebrajarse en cuanto los que siguiendo el camino deportivo y no el político se han convertido en imprescindibles dentro de la cosa pública.

Mientras algunos callan, se tapan los oídos y se ponen gafas oscuras delante de los ojos utilizando el palo del ciego sólo para repartir varazos, los que se han ganado la imprescindibilidad comienzan a desfilar empujándose por ver quién sale primero. Algunos, los que hablamos, oímos y vemos, estamos preocupados ante el desfile de tanto sprinter de la huida forzada. Esta semana, por suerte ya acabada, ha resultado para mí particularmente dura tras conocer que nos abandonan o tienen la intención de hacerlo tres activos valiosísimos dentro de UPyD como Mikel Buesa, Maleni San Vicente y mi buen amigo Ramón Elósegui, los tres imprescindibles para un proyecto político que apueste por la regeneración democrática, la igualdad plena entre los ciudadanos y por una transversalidad política integradora que acoja en su seno la tercera España, moderna, dinámica y liberal, que hasta hace bien poco era una expresión social y cultural huérfana de concreción política.

Ellos, y tantos otros, son imprescindibles porque precisamente son el motor de la intencionalidad política expresada en el Manifiesto de UPyD redactado hace dos años. Representan el corazón de algo más que un partido político; un proyecto ideológico. La Ciencia avanza: hace muy poco se realizó en España el primer implante de un corazón mecánico...¡sólo cuarenta años después de que Barnard realizase el primer transplante de corazón!. Sin embargo, a pesar de los avances, la calidad de vida nunca es igual tras el transplante. Por eso, y teniendo en cuenta que está en nuestras manos impedir que debamos prescindir de nuestro órgano vital más imprescindible, optemos por la prevención y no por una cura que nos convierta en pacientes de frágil salud sobreviviendo de manera asistida y no de forma natural. Los fortalecidos, sanos y robustos ventrículos que son Ramón, Mikel o Maleni, resultan imprescindibles para mantener muy alta nuestra calidad de vida y garantizanos un estado saludable.

Hoy he empezado con Brecht y no quisera acabar sin recordar que la renombrada cita de Martin Niemoeller atribuida erróneamente al genial poeta y que en tan pocas palabras describía el miedo y el desasosiego traducido en sordera, silencio y ceguera de un pueblo, el alemán sometido al yugo nazi, no debe ser aquella que tengamos que recordar irremediablemente cada día porque nuestro entorno vaya desapareciendo por motivos tan "inexplicables" como los que hacían que el índice de suicidios en Europa del Este aumentase anualmente durante la Guerra Fría.

Porque somos demasiado jóvenes como para sobrevivir con corazón mecánico y muy diáfanos como para comenzar a olvidar la prosa y tener que recurrir a la poesía.

viernes 19 de junio de 2009

Corporativismo político

Mal día hoy para hablar o escribir de nada. El día amanecía oscuro y la canalla terrorista lo ha ensuciado aún más con el asesinato de un hombre que ha entregado toda una vida a la causa de la libertad para acabar pagando con la pérdida de aquella su entrega a un fin tan noble. Ha muerto además el mismo día que Vicente Ferrer por lo que hoy no podemos más que estar sobrecogidos y de luto.

Ayer, antes de la pérdida de Ferrer y de la tragedia causada por los fascistas vascos esta mañana, leía en la prensa que el Diputado general de Álava, Xabier Aguirre, acusaba al Partido Popular de haberse entregado en la legislatura anterior, en la que gobernaban, al gasto suntuario de manera casi orgásmica cual romanos con los bárbaros llamando a las puertas del Imperio. Así, los populares habrían utilizado, por ejemplo, los coches oficiales para marchar de vacaciones. El PP no ha tardado en defenderse de las acusaciones pero esta nueva polémica ha hecho que vuelva a preguntarme sobre lo que realmente se esconde tras las alfombras del poder político ante unos cargos electos que pasan por las instituciones como el caballo de Atila. Tal debe ser el hedor que desprenden los vertidos, que ningún partido político suele pasar de las palabras (histéricas quejas en ruedas de prensa) a los hechos (denuncias judiciales).

Las palabras de Aguirre se han quedado otra vez en eso, en palabras, en quejas lastimosas y lacrimógenas de quien teme perder el poder y ejecuta sus piruetas como un trapecista sin red jugando al difícil equilibrio de boicotear al Gobierno vasco desde el Consejo vasco de Finanzas a la vez que tratando desesperadamente de mantener en el poder al tercer partido de Álava, el suyo, y a dos compañeros de viaje sobrerrepresentados como EA y Aralar, cuyo único diputado foral goza además de todos los extras de un cargo absolutamente inútil como es que desempeña al frente de Juventud. Palabras al viento como las del Pasqual Maragall y el famoso 3%, reconocimiento expreso de una corrupción sistemática prácticada durante décadas por otros pero encubierta por temor a la fugacidad del poder.

La clave de la ocultación, del pataleo público y el posterior silencio judicial radica precisamente en la consciencia de los políticos de lo efímero de su poder ya que hasta el PRI vasco ha acabado en la oposición. Esta suerte de corporativismo político es una de las heridas abiertas de la democracia. En este sentido, se impone la necesidad de saber por parte de la ciudadanía y es desde el ámbito político desde donde esas iniciativas pueden encauzarse de la manera más satisfactoria. Un soplo de aire fresco corre por los pasillos del viejo instituto convertido hoy en Parlamento vasco con preguntas como la de UPyD sobre las empresas públicas y participadas por el Gobierno vasco, auténtica enredadera de intereses que el nacionalismo ha ido tejiendo día a día y que costará desmontar porque, a diferencia de Penélope, los nacionalistas cosían de día y por la noche se sentaban encima de la prenda para evitar que nadie supiese en qué trabajaban de sol a sol. Porque al nacionalismo bien se le puede acusar de hacer aquello que un familiar de Paco el molinero atribuía al clero en "Requiem por un campesino español": nadie ha laborado más con el fin de trabajar lo menos posible.

Que corra el aire.

lunes 15 de junio de 2009

Numantinos

"La menor minoría que existe es el individuo. Aquellos que no defienden los derechos individuales no pueden declararse defensores de las minorías".
Ayn Rand
Desde joven, o mejor, desde pequeño pues creo estar aún en posesión de un artificial carnet de tierna edad, me ha gustado bregar por las causas más aparentemente complicadas de defender pero que he considerado justas en su momento. No me ha importado para ello enfrentarme a una mayoría o, en su caso, al poder (tradúzcase, para edades escolares, como la capacidad de mando que a base de músculo y/o carisma se concentra en unos pocos que pasan a ser conocidos como "abusones"). Tampoco me ha importado debatir con quienes es difícil hacerlo políticamente porque parten de axiomas sentimentales, caso de los nacionalistas y, si complicado resulta combatir preceptos absolutamente verdaderos fundamentados en supuestas razones ideológicas, infinitamente más es hacerlo frente a quienes utilizan los argumentos del corazón, aquellos que la razón no entiende y que anteponen derechos colectivos artificialmente creados e imaginados frente a los naturales y primarios, aquellos de los que gozamos, como decía Ayn Rand, los individuos como menor de las minorías.
Es difícil resistirse al encanto del Poder. Los cantos de sirena resultan absolutamente irresistible. También es complicado enfrentarse numantinamente contra mayorías, ejercicio en el que se estrenó UPyD el viernes en la Cámara vasca al quedarse solo en la defensa de la igualdad jurídica de los ciudadanos españoles con independencia del territorio en el que les haya tocado o hayan elegido trabajar y vivir. ¡Qué rico es el castellano para estas cosas!..."mejor solo que mal acompañado", un clásico o, más reciente y balompédico, aquello de Belauste "a mí Sabino, que los arrollo". La soledad es grata compañera de quien obra de manera coherente, sabiendo escuchar y trabajando con la humildad de quien está dispuesto a recibir ayuda y consejo para rectificar cuando la ocasión lo merece y nunca debe tener miedo a enfrentarse a las mayorías puestos que la democracia, como forma de gobierno sustentada sobre el principio de la representación por tal criterio, no deja de ser el sistema menos malo de los que conocemos y, en algunos casos, vía de escape para la imposición de la tiranía.
El siguiente y caluroso día al debate parlamentario sobre el Concierto Económico vasco, se libró una nueva batalla numantina junto a la antigua población celtíbera que tanto se le resistió a Escipión. La primera noticia del encuentro, celebrado en la finca de El Garrejo, me llegó a través de José María, participante de este blog y asiduo posteador en otros. Nos invitaba a Ramón Elósegui y a mí, a través de Álvaro de Marichalar, al encuentro celebrado anteayer. Finalmente, un compromiso familiar me ha impedido acudir y queda en mi boca un sabor agridulce porque he tenido noticia del éxito logrado, por lo que ya he transmitido mi felicitación a José María y a Álvaro y mi promesa de acudir a la siguiente para poder encontrarme con otros buenos amigos que sí acudieron, como Aurora Ferrer o nuevos e insignes compañeros de blogosfera como Mikel Buesa.
Dos milenios después de la muerte de Escipión, Numancia se encuentra ahora asolada por generales de traje y corbata que pilotan el ayuntamiento de una de las ciudades españoles que mayor encanto encierran entre el intenso frío que acompaña de septiembre a mayo y que, lamentablemente, cada día se encuentra más abandonada. Numancia, Soria, capital de la provincia de las migas de pastor, de una deliciosa mantequilla, del Moncayo, de la Laguna Negra y de aquel pueblo en el que, siendo yo preadolescente, recuerdo que siempre se encontraban en los problemas de Matemáticas el coche que salía a determinada hora y velocidad desde Sevilla y el que lo hacía desde Barcelona, Medinaceli. De por medio, la cultura del pelotazo 2.0 inaugurada por algún self made man a la española, estilo el Pocero pero en versión institucional. Poco importan las campañas de sensibilización, recogidas de firmas o informes técnicos dentro de la máxima del "muerto al hoyo y el vivo al bollo" que, aplicada al patrimonio cultural, paisajístico, geográfico, o histórico-arqueológico se traduce en la incomprensión de los políticos hacia la conservación del entorno en favor de un bien más elevado que desvergonzadamente tratan de disfrazar en términos positivos calificándolo como progreso.
Algunas batallas merecen la pena ser libradas y levantar el nuevo cerco institucional establecido sobre Numancia es una de ellas. Faltará el debido respeto en forma de acompañamiento institucional pero en esta pelea no estáis solos sino bien acompañados.